Mimosa
Cuando el carnaval llama a nuestra puerta la naturaleza viste y perfuma este pequeño universo llamado Ribeiro
Es mi tierra un pequeño paraíso delimitado por colinas de suaves y femeninas redondeces excepto por la parte de poniente, ahí el Ribeiro está protegido no por montañas sino por amontonamientos de penedos que forman los montes de Corneira.
El peñasco que da nombre a esta formación geologica es un poco peculiar. Visto en lontananza ofrece una semblanza muy femenina. A medida que nos aproximamos se va transfigurado para acabar presentándose ante nosotros como un descomunal carallo erecto.
Una brillante metáfora de esta tierra. Aquí nada es lo que parece. Todo es aparente, parece ser pero no es. Mejor aún, todo es asegún para lo que sea menester.
Pero no nos desviemos del asunto.
La comarca se organiza en torno a tres ríos vectores y a partir de estos ejes fluviales las tierras de labor y los pueblos se van encaramando por las pendientes que desde el Miño, el Avia y el Arnoia van ascendiendo en interminable sucesión de terrazas.
El cultivo de la viña en bancales está en franco retroceso víctima de la mecanización, de la falta de mano de obra y de la dificultad de laboreo, a pesar de lo cual, estás estructuras graníticas creadas para salvar el desnivel del terreno resisten el paso del tiempo esperando a que alguien las venga a despertar de su interminable letargo.
El monte de robles, castaños, pinos, mimosas y helechos va tomando posesión de los socalcos.
A decir verdad es la mimosa la más aventajada de todas las plantas en esta cerrera por colonizar el Ribeiro hasta tal punto que para a época del carnaval, coincidiendo con la floración de la planta, toda la comarca luce un primoroso manto amarillo que nos envuelve con su espectacular belleza y su delicado aroma. Una fiesta para los sentidos.
La mimosa tiene mala fama. Dicen que es una planta invasora porque se comporta conforme a su naturaleza: crece, se multiplica y avanza rápidamente. Todos los seres vivos nos comportamos conforme a nuestra naturaleza.


Lo que es verdaderamente invasor en nuestra tierra es el abandono de cultivos y el despoblamiento de pueblos y aldeas. La mimosa simplemente aprovecha los espacios que le vamos cediendo para avanzar y multiplicarse.
Sin embargo en otros tiempos fue una planta muy apreciada. Su madera recta, versátil y fácil de trabajar era empleada para mantener las cepas erguidas y alejadas de la humedad del suelo.
Cada año, después de la poda, los paisanos debían reponer estacas en la viña, entutorar las cepas y prepararlas para la próxima cosecha. Una ceremonia laboriosa y sacrificada que ocupaba todo el invierno. Empezaba en el monte cortando las estacas, seguía en la viña y terminaba en el hogar atizando el fuego con la madera que se descartaba después de uno o varios usos como sostén de cepas y uvas.
Es la viticultura tradicional. La de siempre. La que yo practico en mi pequeña bodega en Ourense en este permanente diálogo con la tradición que me nutre y me inspira como Viticultor.
Es la viticultura que me conecta con las diez o más generaciones que me precedieron en el cultivo de la Treixadura, la godello, la albariño y tantas otras variedades de uva.
No me canso de repetirlo: mi trabajo consiste en cuidar, conservar y compartir ese legado.
Abur !!!!